Mi Cesta

EL CÁLIZ DEL MONTE DEL RUISEÑOR | El Verbo de la Madre Divina
Espiritualidad cátara
Republica Guinea Ecuatorial 4º-7C46022Valencia, España+34 677-928-573

del libro de Juan de San Grial ¨LA ROSA
 DE LOS SERAFITAS: Evangelio cátaro bogomilo¨

LA EUCARISTÍA DEL SANTO GRIAL

08.09.2005

La Madre Divina:

‘EL CÁLIZ QUE ME SUPERA A MÍ MISMO’

1 El Cáliz está en las manos de Cristo. ¡Oh, qué magnífico es ver esto!

2 Niño mío, ¿es acaso posible mirar al rostro del Rey de los ungidos sin entrar en un indescriptible éxtasis celestial? ¡Cuando en sus manos se encontraba el Grial celestial, Cristo estaba radiante! El Cáliz era uno con Él, y Él era uno con el Cáliz.

3 El Rey-Cordero entraba ante mis ojos en un pasional. Veía su oración. Gotas de sangre, mezcladas con sudor, caían de su rostro al Cáliz formando un océano de amor divino. Su rostro sobrecelestial se grababa en el Cáliz, en este tesoro de los tesoros, fuente de las fuentes, el inestimable recipiente mírrico de las beatitudes sobrecelestiales. 

4 Yo estaba de pie, sola. Pero cuando mi Hijo amado, tras elevar el Cáliz hacia el trono del Padre, me daba de beber de él como sacerdotisa melquisedequiana, aparecía alrededor un ejército de comulgantes.

5 ¡Oh, era indescriptible, niño mío! Se trataba de la Iglesia Triunfadora, Verdadera y Misteriosa, montada sobre caballos blancos. Los caballeros de la Inmaculadísima, los patriarcas iluminados, reyes, apóstoles, guerreros, santos, yuródivos... Sacerdotes de miles de clases, de todos los tiempos y pueblos: desde Egipto, Asiria y Babilonia hasta Israel y la Santa Rusia..., fuera del tiempo y del espacio.

6 El Monte del Ruiseñor se llenaba de la beatitud de la presencia de la Divinidad. El Novio divino se acercaba a cada uno de ellos, les miraba cariñosa y milagrosamente a los ojos, les daba de beber de su Cáliz y se hacían un todo con Él. Niño mío, veía cómo la sangre de Cristo, que acababa de deslizarse por su rostro y caía en sus manos y sobre su ropa, después seguía corriendo hacia los vasos de sus discípulos y discípulas. La Iglesia despedía aromas y brillaba.

7 ‘¿Qué es esto?’, te preguntarás. Es la eucaristía del Santo Grial. 

‘¿Qué es esto?’, preguntaba Yo a nuestro Cristo, cuando Él acercaba el Cáliz a mis labios.

LA ROSA
 DE LOS SERAFITAS Vol. 3. Evangelio cátaro bogomilo

‘Es el Cáliz que me supera a Mí mismo’.

‘¿Puedes gustar alguna de las beatitudes, María?’, me preguntaba nuestro Dios.

‘¡No, no, mi dulcísimo Hijo! ¿Quién soy Yo para hacerme digna de Ti?’

‘Toma mis gotas mírricas convertidas en vino celestial’.

‘¿Qué es esto?’

‘Es mi sangre mírrica’.

‘¿Quién puede tomar del vaso sagrado?’, preguntaba Yo.

‘Solo aquel que tenga Mi misma composición’.

8 Veía cómo el Primer Ungido realizaba 15 por 100 = 1500 multiplicaciones del Grial y cómo con su mirada se grababa un cáliz interior en el corazón del paladín mientras los ángeles del Cáliz envolvían al comulgante en un cuerpo seráfi co solar.

LAS VESTIDURAS CELESTIALES

9 Al realizar el estado pasional de la última gota, el Dulcísimo se vestía con vestidos celestiales de belleza indescriptible. ¡Oh, niño mío, la misma Sabiduría, la misma Hija del Altísimo, la misma Sofía le envolvía en las vestes de Sumo Sacerdote divino! De ellas se desprendía un brillo de miles de matices, de colores divinos, y emanaban fragancia como ninguna fl or en la Tierra y en los cielos. Ninguna vestidura terrenal, por muy hermosa que sea, se puede comparar con las vestes sacerdotales que la Sabiduría ha cosido para el Dios-Logos.

10 Veía cómo sus discípulos, al comulgar, se transfi guraban con Su transfi guración. Cómo sus cuerpos se vestían con vestes virginales y la Sangre mírrica de Cristo corría y corría por sus vasos interiores hasta llevarles a una beatitud extática.

*

11 Una vez el Rey de los ungidos dejó el Cáliz en mi pobre habitáculo, sobre una sencilla mesa llena de polvo, los ángeles lo sostenían sobre una tela blanca radiante. Dos querubines solares rodeaban el trono del Altísimo y el Cáliz resplandecía como el Sol de los soles.

12 Al elevarme por encima de los cielos, niño mío, experimenté un estado indescriptible e inaccesible hasta para los ángeles. Pero luego estalló una lucha insoportable. Yo perdía la razón. El enemigo tocaba mi punto más sensible y Yo no podía aguantar esa lucha. Cuando él calumniaba a Cristo, exigiéndome que le rechazara, nublándome la mente y el corazón, Yo pedía que el Cáliz permaneciera en el trono del Altísimo.

13 Lo que llamáis el Grial es el Cáliz de Cristo. Nuestro Rey no se separa de él. Es como una parte de su divinísimo cuerpo. Sangre mírrica corre por indecibles canales interiores de su Corazón al Cáliz y del Cáliz se derrama a toda la creación.

Lea la continuación en el libro "LA ROSA
 DE LOS SERAFITAS: Evangelio cátaro bogomilo"

 

Kondratiy Andreyev

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