Mi Cesta

Mozart. Cuarteto n.º 19 | EL CRESCENDO DEL BIEN | Juan de San Grial
Espiritualidad cátara
Republica Guinea Ecuatorial 4º-7C46022Valencia, España+34 677-928-573

Del libro de Juan de San Grial "EL CRESCENDO DEL BIEN"

La brecha fuera de los límites de la envoltura corporal

La música no solo la oye el compositor. El ejecutante, cuando se sienta al instrumento, también debe oír la música que suena en su cielo interior. ¡Tocar como si fuera ante el rostro del Padre Celestial, que ha pedido que se interprete una obra recién escrita por Él!

Durante la interpretación de la composición, es necesario convertirse en una parte de esta. ¡Hay que salirse fuera de sí mismo, superarse a sí mismo! Un éxtasis diario, una brecha, una salida de la envoltura corporal y una estancia en la esfera espiritual. La música no debe cantar, sino hab l ar (= ser conceptual) reflejando la riqueza del mundo interior del intérprete, la espiritualidad que llena a la persona.

El músico ha de ser el apóstol de la fe que representa. Arder en espíritu. Con su interpretación, convertir a la gente. Dar un concepto a la música, como lo hacen los eminentes predicadores cuando apostolan.

La música es una prédica (!!!) y no una compilación ni una interpretación llamada ejecución.

*

El instrumento se puede tocar con una única condición: vivir con la música. Esta tiene que llenar todo el ser de la persona:

EL CRESCENDO DEL BIEN
¡NADA ADEMÁS DE LA MÚSICA!

Se exige un sacrificio. La música es un altar. Para el ejecutante no debe existir ninguna otra cosa. Solo en este caso podrá entrar en la esfera espiritual del autor y tocar a pleno rendimiento.

*

El músico debe liberarse de perseguir fines lucrativos.

El dinero sirve de gran tentación para el intérprete. Se activan las razones de provecho, cálculo frío, raciocinio, mammón...

Se le priva al músico de la razón más valiosa de la existencia del arte: la sinceridad, el amor, minné.

*

En el discurso, sobre todo espiritual, el pensamiento precede a la palabra en una fracción de segundo. La persona primero medita la idea, luego la expresa verbalmente. Ocurre igual con la música: habla solo cuando es cantada un momento antes de que las puntas de los dedos extraigan el sonido de las teclas o cuerdas.

La idea tiene que dibujarse interiormente. Si el músico durante la interpretación no canta antes interiormente la idea plasmada en la obra, el resultado será un sucedáneo técnico.

*

La esfera del Cuarteto n.º 19 supera todos los ejercicios espirituales y oraciones de orientación farisaica. Es la esfera de la alegría perfecta, donde no hay pecado. Solo desde esta esfera, comienza a sonar el Mozart verdadero.

 

 

 

Kondratiy Andreyev

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