Mi Cesta

María Magdalena. Sagrada locura de amor

10.00 EUR
Historía auténtica
Editorial: Associació per L'estudi de la Cultura Càtara
Peso: 0.18 Kg
Autor: Juan de San Grial
Libro de bolsillo: 129 páginas
ISBN: 9788461230174
Contenido: La historia auténtica, la biografía, las revelaciones divinas

El Libro 'María Magdalena. Sagrada locura de amor' narra la tradición cátara sobre María Magdalena. Es el primer libro sobre maría magdalena de Juan De San Grial. Está escrito en un lenguaje sencillo y se recomienda a las personas que  hacen sus primeros pasos en el camino cátaro o aún están en el camino de la búsqueda espiritual.

Las filas del libro:

Yo he venido a este mundo Para entrar en matrimonio con Diós A través de la sufriente humanidad. Yo testimonío el Amor Cual no existe en la tierra Ni en los cielos, ni entre los ángeles, Ni en las iglesias, ni en los evangélios Más la persona es digna de este Amor, Superante y superior Gustando del interminable Caliz, A la entrada del Santo Santísimo de Santos

Magdalena cerca del sepulcro del Salvador

«El día primero de la semana, María Magdalena vino al sepulcro muy temprano, cuando aún estaba oscuro...» (Juan, XX, 1)

Dos de estas palabras, «temprano» y «oscuro» dicen mucho.

Es temprano para la humanidad, para conocer el misterio crístico. De eso se sabe en el Grial. La hora no ha llegado.

Y aún está oscuro... Medianoche, niño mío. ¿Qué, Rey mio? «Guardián, guardián, ¿qué hora és de la noche?» Aún es medianoche, pero se acerca el rayar del alba.

Aún oscura es el alma de la humanidad, y a oscuras, en lo inconsciente, vagan las sombras del abismo. No iluminado, no preparado está el hombre en las inieblas de las maldiciones ancestrales (que proceden del pecado original), para aceptar la Luz Crística y hacerse hijo de la luz.

Entretanto, el Salvador en los días terrenales les enseñó como si ellos pudieran realmente heredar de Él. Enseñó para la eternidad, enseñó en otra realidad, en pakibytié13 le oyen todos los mundos visibles e invisibles: «Haceos hijos de la luz hasta que la Luz esté con vosotros, para que no haya en vosotros ninguna tiniebla».

Temprano y oscuro...
María ve: la piedra está desplazada del sepulcro. Turbada ella, corre casi en una obsesión, sonámbula. No comprende nada, ni recuerda. ¿Dónde está su divino Bienamado? ¿Cómo se atrevió Él a dejarla?

¿Por qué por amor hacia ella no descendió Él de la Cruz y no aniquiló a los malditos fariseos? María sabía: cerca del Gólgota estaban aquellos que condenaron al Hijo a la pena de muerte, a quienes Él avergonzaba, a quienes dijo: «Aquél de entre vosotros que esté sin pecado, que tire la primera piedra».

¡Oh, ella no cree nada! No cree que Él fue crucificado, que fue muerto...
¡Está vivo! ¡Es Dios! Él no puede morir. Él obrará el milagro para ella. Resucitará.

La segunda, detrás de la Santísima Virgen; ella sabe que Él resucitará y vendrá a ella en la gloria aún más grande. Él la resucitó de entre los muertos. Y Él decía a sus discípulos: quien beba del Cáliz del Grial, si muere resucitará.

Sin poner los pies en el suelo, María corre hacia Pedro y Juan. «¡Se han llevado al Señor del sepulcro y nadie sabe en dónde Le han puesto!»

La turbación de María se transmite a los discípulos. Pedro y Juan entran en el pasional. «Ellos corrían juntos. Pero él que ama más, corrió más de prisa». Es Juan, «el hermanastro» espiritual de María Magdalena.

El discípulo amante y la novia bienamada... María Magdalena y el amigo del Novio.

Lo que no sabían los discípulos (que según las Escrituras Él tendría que resucitar), Maria lo sabía por intuición femenina. Por eso «estaba cerca del sepulcro y lloraba» (Juan, XX, 14).

¡Oh, cómo le faltaba Él! Cuán importante era para ella tocar Su cuerpo, besar Su frente, la var con lágrimas Sus heridas. Enloquecerse por amor, apretarse a Él, dejarse ir con Él... ¿Acaso no puede ella permitírselo?

Qué milagro fue, cuando de golpe, inclinándose sobre el sepulcro, ella vió dos ángeles sentados vestidos de blanco: uno a la cabeza, otro a los pies, donde evidentemente antes yacía el cuerpo del Salvador.

Las palabras de los ángeles La sorprendieron. «Mujer, ¿porque lloras?»

¡Como si los ángeles no hubieran comprendido por qué ella sollozaba!

Los ángeles del Grial quedaron impresionados por tan alto derrame de pasional, y nombraron a María Mujer.

– No sé dónde Le han puesto, a mi Bienamado.

«¿Acaso no sabes que Él no está?»
¡Él no ha ido a ninguna parte! ¡Él está aquí! Para los demás, no. Y para ella Él está aquí, omnipresente, pertenece a ella sola.

«Y al volverse hacia atrás, vio a Jesús que allí estaba...
...y no Lo reconoció».

Al oír Su voz, ella creyó que era un jardinero. Le concedió la fragancia de las flores paradi síacas. Ella reconoce Su voz, pero no se atreve a creerlo:

«¡Oh, Señor! Creo que eres enviado por Dios. Dime donde Le has puesto y yo Le tomaré» –lo dice aún con la intuición femenina, sin dudar ni por un minuto que le es dado el derecho a encontrarlo, enterrarlo, abrazarlo. Así pueden hablar sólo los aliados con Él de modo particular. Ella busca tocarlo y mira a Él con su antigua mirada enamorada.

– ¡Rabboni dulcísimo! ¡Mi Maestro, Mi Vida, Divino mío!
Pero Él le dice:

– Suficiente. No me toques. No he subido aún a Mi Padre. He cumplido todo lo que necesitaba. Ahora ve a los hermanos y diles: «Como el Padre me envió, asimismo Yo os envío».

Los comentaristas han entendido esto de forma superficial: ha mandado a los apóstoles a apostolar. Pero como el Padre Le envió a través del nacimiento inmaculado, asimismo Él les envia a ellos, a los caballeros del Grial, del mismo modo al mundo.

*

La teología de la segunda concepción inmaculada se conserva en las bibliotecas del empíreo Grial. Es infinitamente rica. Son miles de volúmenes. No ha habido ni un sólo teólogo que no dedicara al menos unos años a sus meditaciones celestiales sobre la segunda concepción inmaculada.

¿Qué trasmitió Jesucristo de su humanidad divina a Su hijo? ¿Acaso se puede llamar dios a José, que nació inmaculadamente? Si él es hijo real de Dios, una copia exacta de Cristo, ¿acaso no es Dios? Y entonces María Magdalena es la divina Engendradora.

¡Qué sacramento nuevo ha cumplido la Sabiduría en la Santísima Trinidad! No, el Grial no desea que este evento misterioso –el alumbramiento por Cristo a la herencia dinástica– se ponga al alcance de todos. Se guarda en secreto y no toca las disputas teológicas, «los concilios ecuménicos» y todo aquello que condujo a la via muerta anticrística de la «espada de César», mil veces vencida por la espada del Grial y la espada de David.

Pero también de las palabras dichas, niño mío, se ve qué papel especial jugaba María Magdalena en el Evangelio de Cristo.


13 Santo estar (otro estar, eterno estar; griego – palingenesía, ingl. holy being, eslav. pakibytié) – término único de la enseñanza de Juan de San Grial que principalmente significa la esfera mírrica (dimensión mística) de la Iglesia verdadera, donde permanece el Cáliz del Grial con sus 144 castillos.

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Autor: Juan de San Grial
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Kondratiy Andreyev
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